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Para muchas familias, la hora de acostar a sus hijos se convierte cada día en un problema que añade tensión al final de las agotadoras jornadas laborales. Las soluciones intentadas no suelen dar los resultados deseados y se mantienen batallas diarias que no favorecen a nadie. El problema se agrava cuando, además, el niño se despierta varias veces durante la noche y acaba por no dejarnos dormir.

Para intentar provocar cambios en este orden de cosas, en primer lugar debemos tener en cuenta que cada niño tiene unas necesidades de sueño particulares y muy diferentes a las necesidades de los adultos. Alrededor de los dos años de edad un niño requiere, como promedio (dormir más o menos no es anormal), unas doce horas de sueño por noche, más una o dos de siesta. Al avanzar en edad, sus periodos de sueño irán disminuyendo progresivamente hasta estabilizarse a medida que se aproxima a la edad adulta.

Los motivos por los que los niños se resisten a acostarse con muy diversos: no quieren apartarse del núcleo de actividad, tienen miedo a la oscuridad, puede que se sientan inseguros cuando están solos, etc. De cualquier modo, los padres deben decidir el momento preciso en que el niño debe acostarse y proceder consecuentemente.

Para conseguir que la hora de acostarse no sea una guerra continua estableceremos unos hábitos nocturnos regulares para que el niño sepa que llega el momento de acostarse. A medida que se acerca el momento, conviene asegurarse de que desciende el nivel de actividad del niño: podemos cambiar los juegos muy activos por actividades más relajadas (como la lectura o escuchar música), y las rutinas que incluyen la higiene habitual y que suponen una pauta del proceso: lavarse los dientes, bañarse...

Es beneficioso intentar que el momento de ir a dormir se convierta en algo especial, cálido y acogedor. A muchos niños les encanta escuchar el mismo cuento una y otra vez antes de acostarse, mientras que a otros les apasionan las canciones infantiles.

Con niños un poco mayores, el momento de ir a la cama es una excelente oportunidad para acercarnos a ellos, para conversar y atender sus inquietudes.

En cualquier caso, recordemos que aunque hay que mantener unas rutinas, tampoco podemos convertirlas en un proceso cansado e interminable. No se deben tolerar interminables evasivas por parte del niño, es conveniente marcar claramente el límite (por ejemplo: dos cuentos y a dormir) y acogernos de forma consecuente a ello.

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Última modificación: 26 de diciembre de 2005.