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La conducta agresiva en los niños en una de las que más preocupa actualmente tanto a los padres como a los educadores. De hecho, observamos con preocupación cómo continuamente aparecen noticias y/o alarmantes resultados de estudios entorno a esta problemática, que en ocasiones genera un sentimiento de impotencia al no tener clara la actuación a seguir ante la presencia de este tipo de conductas.

Las manifestaciones agresivas son un rasgo normal en la infancia, que se presenta más frecuentemente en los primeros años, para ir declinando a medida que el niño va haciéndose más mayor. En un sentido evolutivo, encontramos el nivel máximo alrededor de los dos años, época en que se producen las famosas "rabietas", que suelen tener como objetivo el poner a prueba los límites establecidos así como la propia afirmación.

Si su hijo está en edad escolar y sigue manteniendo conductas agresivas a un nivel elevado, es el momento adecuado para preguntarse el por qué de éstas e intentar buscar una solución al problema.

 

Pautas y sugerencias:

• Es conveniente centrar los objetivos a conseguir: por una parte debilitar las conductas agresivas y por otra, reforzar el uso de alternativas basadas en la cooperación.
• Reflexionemos sobre el por qué de ese comportamiento para poder después actuar en consecuencia, tal vez solo trata de llamar su atención o tal vez ha aprendido que de esa forma obtiene las cosas que desea.
• Debemos intentar determinar los antecedentes y los consecuentes de los que parece depender el comportamiento agresivo del niño (¿aparece cuando se le niega algo que él desea?, ¿qué estaba pasando antes de que reaccionase así?, ¿qué ha sucedido inmediatamente después?). En
   función de este análisis, puede realizar algunas variaciones (por ejemplo aplicando consecuencias absolutamente diferentes).
• No se desespere por este problema. El niño no "es" agresivo, sino que se comporta de ese modo; existen soluciones para corregir y guiar su comportamiento a fin de facilitar su adaptación y evitar mayores dificultades en la relación con los demás.
• Es necesario romper el círculo cerrado en el que posiblemente se encuentran y aplicar estrategias alternativas. No obstante, conviene recordar que estas estrategias resultan útiles en casos de conductas leves que no puedan tener graves consecuencias.
• Puede ser útil una cuidadosa retirada de atención que ignore la conducta, es posible que le parezca que Ud. no está haciendo nada, pero si decide probarlo, tal vez compruebe que puede conseguir resultados asombrosos.
• RECORDAR: Si el grado de agresividad que muestra el pequeño es excesivo o supone un peligro real para sí mismo o para los demás, consulte con un profesional que podrá realizar una valoración de la situación en profundidad y le asesorara en cuanto a las medidas más adecuadas a su caso concreto.